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Infraestructura y Afore:
¡bonito “negocio” para
los trabajadores!.
2-Enero-2010
Gustavo Leal F.*
En la indagatoria que la
SCJN asignó a la comisión
designada –agosto de 2009– para
atender las diversas competencias en la
tragedia de la estancia ABC, en Hermosillo,
subrogada por el IMSS, se establece con
toda precisión que ésta analizará
los alcances y el grado de responsabilidad
que existían entre las diversas autoridades
encargadas de implementar la política
pública de guarderías”
(punto uno).
Lo mismo indica su protocolo
de investigación –aprobado
el 31 de agosto– en el décimo
objetivo: “Estudiar los alcances y
grados de responsabilidad entre las diversas
autoridades encargadas de implementar la
política de guarderías, en
razón de tratarse de un beneficio
en el ejercicio del derecho a la salud y
de los derechohabientes”.
La principal responsabilidad
reposa en la subrogación de la cuota
en el contexto de un deterioro notable en
el desempeño de los órganos
superiores del IMSS durante los pasados
10 años. Esa degradación posibilitó
la tragedia, porque los padres de las víctimas
entregaron esa cuota al Estado mexicano:
el IMSS, y fue ese Estado, vía el
IMSS, el que la subrogó a privados.
De la comisión esperamos un juicio
objetivo sobre el desempeño de los
órganos superiores del instituto.
Adjudicaciones directas.
Primero aparece la responsabilidad directa
de Santiago Levy, quien, como director del
IMSS, propuso en 2003 el modelo y contrato
de subrogación (junto con Antonio
Scheleske, Araceli de Fernández –esposa
del rector del ITAM–, Dora García
Kobeh y Evelyn Rodríguez), así
como la de su consejo técnico que
lo autorizó y la –entonces–
Secodam que lo avaló. Tampoco consta
que la comisión de vigilancia del
instituto, siguiendo el artículo
265 de la Ley del Seguro Social, hiciera
alguna observación.
Licitación pública
abierta. Inmediatamente aparece la responsabilidad,
también directa, de Juan Molinar
Horcasitas, quien –como director del
IMSS– (junto con Sergio Salazar, Carla
Rochín y la arquitecta Nora Patricia
Bonilla) renovó en 2007 el contrato,
conociendo las anomalías que había
detectado desde el 26 de julio de 2005 la
PGR (La Jornada, 13.6). Su responsabilidad
es, pues, doble: primero renovó y
luego siguió licitando. El “sistema”
Molinar de asignación de contratos
–que sólo aportó la
“licitación” (2008) al
fracasado diseño original de adjudicación
directa de Santiago Levy (2003)– estaba
basado en una cuota máxima de referencia
por niño –que varía
según la región–, a
partir de la cual los interesados tenían
que ofrecer descuentos al IMSS. De tal suerte
que, buscando ganar el concurso, abatían
aún más la “calidad”
del modelo Levy de subrogación.
Licitación pública
abierta con datos de los interesados. Fueron
precisas 49 muertes para que, sólo
entonces, el IMSS obsequiara apenas ¡una
suspensión temporal! Pero Karam pretende
seguir licitando el mismo modelo-contrato
de subrogación Levy con el “sistema”
Molinar Horcasitas “mejorado”:
agregando los datos de los interesados con
la fundamental ayuda (¿cobrando cuánto?)
de Transparencia Mexicana, de Federico Reyes
Heroles. ¡Más de lo mismo,
pero mucho peor!
Pero la mayor tragedia
de la seguridad social mexicana no ameritó
que alguno de los tres sectores que forman
el consejo técnico o la comisión
de vigilancia convocara a una asamblea general.
No sólo los funcionarios
del IMSS se encuentran bajo el escrutinio
público. También sus órganos
superiores que pueden convocar a la autoridad
suprema institucional: esa asamblea general.
La tragedia de Hermosillo exigía
una con carácter de extraordinaria.
La ley señala: “Los
órganos superiores del instituto,
bajo su estricta responsabilidad, podrán
convocar a asamblea general o a sesión
extraordinaria únicamente para tratar
casos urgentes, de importancia y trascendencia
para el instituto.” ¿Acaso
Hermosillo no es de “importancia y
trascendencia” para éste?
¿Y qué ha
comunicado el politólogo Molinar?
En su primera reacción señaló
que la “responsabilidad está
en el lugar donde se inició el incendio”.
Luego aseguró que “sí”
había declarado ante la PGR sobre
el asunto, lo que desmintió de inmediato
el ex gobernador de Sonora, Eduardo Bours:
“No hay ninguna declaración”.
Después negó tener responsabilidad
en la asignación y en el incendio:
antes “se otorgaban por asignación
directa, método incorrecto”.
A cambio, estableció las licitaciones
abiertas ampliando la red en 200 contratos:
“Mi responsabilidad consistía
en continuar el proceso de renovación”.
Finalmente reiteró “estar tranquilo
porque no tiene responsabilidad alguna”
y llamó a “no minimizar”
la importancia del sistema de guarderías
IMSS (¡!).
Pero, después de
que la PGR reveló que lo investiga,
curiosamente pocos días antes de
la desaparición (nunca cumplida)
de la Secretaría de la Función
Pública (4 de septiembre), su aún
responsable, Salvador Vega Casillas, lo
absolvió porque –sostuvo–
en “el gobierno existe delegación
de funciones y cada quién atiende
la parte que le corresponde”.
Mientras tanto, la Sedeso
sigue abriendo estancias changarro.
Para evitar más
tragedias, para salvaguardar a los infantes
en guarderías subrogadas por el IMSS
y sobre la base de la intervención
del Poder Legislativo que aprobó
–en agosto– un punto de acuerdo
que establece –entre otros–
que la Auditoría Superior de la Federación
determine si los contratos de subrogación
se ajustan a la legalidad, debe ordenársele
a Calderón que detenga de inmediato
las licitaciones de Karam y cancele definitivamente
la bomba de tiempo que representan sus estancias
changarro a cargo de la Sedeso.
Lo que la sociedad espera
es una corrección de raíz
al modelo de subrogación-contratos
Levy –proseguido por Molinar–
y no una escuálida cosmética
de “protección civil”
como la que hoy impone Karam.
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