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Influenza A: inmunizados,
¿con menos casos?, pero más
defunciones.
9-Enero-2010
Gustavo Leal F.*
La epidemia suma 880 muertes
y 68 mil 600 casos confirmados, porque desde
agosto de 2009 la Ssa instruyó que
sólo se realizaran pruebas de laboratorio
a 10 por ciento de los cuadros sospechosos
presentados en las poco más de 600
unidades centinela que hay en el país.
¿Pero cuántos casos hay? Para
el doctor Córdova éstos se
han elevado discretamente”. ¿Y
cuál es la tendencia de los contagios?
Al finalizar diciembre, persistía
una cobertura extremadamente desigual en
la estrategia de vacunación en los
estados. Un tercio del personal sanitario
se negó a vacunarse (especialmente
en el IMSS) y aún se desconoce el
número de médicos que han
rehusado aplicar el antígeno por
supuestos efectos colaterales.
A pedido de la Ssa federal,
los servicios estatales restringieron a
algunos hospitales de todo el país
la vacunación de mujeres embarazadas
(alrededor de 320). Según Vesta Richardson,
directora del Centro Nacional para la Salud
de la Infancia y la Adolescencia, la “petición”
a los secretarios locales es que “recluten
a las embarazadas para que se vacunen en
diciembre”. También informó
que la Ssa prepara una reserva de biológicos
(2 millones) que pueda utilizarse “para
reponer los que se pierdan, falten o dañen”.
Claro que los estados “deberán
pagar su costo”.
Con todo, el doctor Córdova
ya dispone de un préstamo del Banco
Mundial (BM) por 491 millones de dólares
para “enfrentar” la epidemia,
mientras –por la disponibilidad–
la Ssa se apresta a extender la vacunación
a “toda la población”.
La gestión calderonista de la emergencia
sanitaria ha demostrado que el sistema nacional
de salud fue incapaz de detectar pronto
el virus y garantizar su tratamiento oportuno.
La descentralización de los servicios
no funciona.
La dependencia de los mercados
de vacunas se extenderá –al
menos– hasta 2012, aunque a partir
de enero 2010 el antígeno estará
a la venta en el mercado privado para todo
público, mientras la Ssa ya acelera
trámites para adquirir 200 tratamientos
de un fármaco de rescate para pacientes
que están muy graves: Peramivir,
con un costo de 2 mil dólares por
tratamiento. Es decir: 400 mil dólares
(5 millones de pesos). Las ganancias de
los laboratorios trasnacionales son históricas.
Sin Glaxo, Sanofi-Aventis y Novartis cerraron
2009 (cuarto trimestre) con ingresos por
500 y 400 millones de dólares, sólo
por la venta de la vacuna.
Por su parte, la visión
financiera que caracteriza los programas
de los gobiernos panistas sustituye los
impactos en salud por metas de afiliación
y financiamiento al Seguro Popular y su
modalidad petit: el Seguro Médico
para una Nueva Generación.
Como otros anteriores,
el préstamo del BM también
busca “fortalecer” el desempeño
del sistema de salud mexicano, “monitorear”
la propagación de los virus y “controlar”
las olas epidémicas, “capacidades”
que no le han lucido a ese sistema reformado
tecnocráticamente sin pausa desde
Soberón hasta Calderón.
Ante el patente fracaso
de la descentralización, el préstamo
prevé establecer la unidad de análisis
epidemiológica central y oficinas
estatales completamente equipadas y conectadas
a una nueva plataforma de información
tecnológica. ¿Y los cuantiosos
recursos que, para preservar la “salud
de la comunidad”, ha dispuesto el
Reglamento del Seguro Popular (DOF.04.2004)
tampoco lucieron?
Finalmente, el fracaso
de la descentralización de Soberón,
Juan Ramón de la Fuente (operada
por José Narro Robles) y Julio Frenk
con el Seguro Popular se resume en la actitud
del Centro Nacional para la Salud de la
Infancia y la Adolescencia, que comunicó
que, durante diciembre, “supervisaría”
en los estados que la vacuna se esté
“aplicando correctamente”.
También por algo
esa misma Ssa federal ha hecho su enésimo
llamado (diciembre) a los estados para que
notifiquen “en el menor tiempo posible”
los fallecimientos. Y aconteció incluso
el penosísimo caso de un fatal “error
de comunicación” entre Birmex
y la Secretaría de Salud de Colima,
que culminó con la pérdida
de 2 mil 670 dosis de vacunas; pérdida
emblema del rotundo fracaso de esa descentralización
y que Córdova calificó apenas
de “descuidos”, “situaciones
accidentales” o “cosas que pasan
en el país”.
Además la visión
financiera de los programas “sanitarios”
del panismo de Fox-Frenk y Calderón-Córdova
ha sustituido la correcta medición
de la efectividad del sistema de salud (consultas,
tratamientos, prescripciones, mejoras en
el estado de los enfermos crónicos,
reducción de la mortalidad y ampliación
de la esperanza de vida) por meras metas
de afiliación y “reducción”
del gasto catastrófico de las familias.
Para decirlo con el “preciso”
lenguaje “económico”
de Salomón Chertorivski, comisionado
de Protección Social en Salud, “hay
medios escasos para fines múltiples
y no podemos atender absolutamente todo
lo que se quisiera. En la necesaria toma
de decisiones se involucra la economía
y los cálculos actuariales”.
El elevado número
de muertes nunca debió haber existido.
España sumaba 169 fallecimientos
y Holanda 36 (diciembre). Ese y ningún
otro es el parámetro del “éxito”
de cualquier sistema de salud. Como señala
la subdirección de Salud de Pemex:
las “deficiencias” de los sistemas
de salud de México para efectuar
el diagnóstico temprano de la influenza,
así como las limitaciones para aportar
el soporte ventilatorio con oportunidad,
“podrían” explicar por
qué en México la tasa de mortalidad
es mayor que en países desarrollados.
Un sistema sanitario, ahora,
más inmunizado, ¿con menos
casos?, pero más defunciones.
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