El capo perpetuo.
Diputado inútil, capo institucional
Valentín Cardona
31 de octubre de 2010
Para lograr el exterminio del Régimen
de Jubilaciones y Pensiones (RJP), de los
trabajadores del Sindicato Nacional de Trabajadores
del Seguro Social (SNTSS), al gobierno de
Vicente Fox le bastó que, en el año
2003, Roberto Vega y Galina -entonces secretario
general del sindicato-, y una parte de su
cúpula sindical firmaran en lo oscuro
un pacto con el entonces director del IMSS
Santiago Levy Algazi, hecho conocido desde
entonces el “acta de la traición”
Los cambios pactados al RJP en esa acta
firmada el 4 octubre de 2003 quedaron sentados
y ahí se definieron pasos sencillos
con los que el Estado dejaría de
lado su responsabilidad de otorgar seguridad
social de los nuevos trabajadores sindicalizados,
aunque para ello todavía faltaba
amarrar con la cúpula sindical una
figura que les garantizara abrir el camino
para no confrontarse con los trabajadores.
Para mal de millones de mexicanos, Vicente
Fox amenazó con que al finalizar
su sexenio había continuidad, premonición
que se hizo realidad al término de
ese funesto mandato con la figura “continuista”
de Felipe Calderón Hinojosa.
Sentado en la silla presidencial bajo el
auspicio del Ejército, Calderón
Hinojosa echó mano de amigos que
le ayudaran a proseguir con las políticas
devastadoras en seguridad social “que
eran ejemplo en países ‘avanzados’
del mundo” y para el MSS escogió
a Juan Francisco Molinar Horcasitas, un
fracasado como politólogo, con antecedentes
negros en la Secretaría de Gobernación
pero amigo del presidente. En la secretaría
del Trabajo colocó a Carlos Lozano,
siniestro personaje salido como de una película
de terror.
El cambio presidencial coincidió
con el cambio de cúpula sindical,
a Calderón ya le tocó escoger
quien sería el sucesor del traidor
Vega y Galina, quien terminó su periodo
sumido en el desprestigio y el descrédito
entra la base trabajadora, igual que la
cúpula que lo acompañó
en tanta traición a sus representados.
Ya entonces existía la figura de
Valdemar Gutiérrez Fragoso, quien
desde la Secretaría del Interior
del gremio firmó la traición
y operó para que esta se hiciera
realidad. Desde entonces Valdemar ya asumía
papel de secretario e incluso tomaba decisiones.
Poco antes del cambio de secretaría,
Gutiérrez Fragoso se vio envuelto
en líos que lo involucraban directamente
con el narcotráfico y el crimen organizado,
al igual que parte de su parentela en línea
recta.
En un congreso sindical “a modo”
-octubre de 2006-, con cero credibilidad
pues, Gutiérrez Fragoso “resultó
electo democráticamente”, unos
900 dedos de trabajadores congresistas maiceados,
llevaron a 380 mil trabajadores de base
al desastre.
La maquinaria para terminar por pasos las
prestaciones de los trabajadores sindicalizados
contenidas en el Contrato Colectivo de Trabajo
(CCT) apenas comenzaba sus devastadores
movimientos, así que ante la inconformidad
de miles de trabajadores de base, el gobierno
calderonista soportó con todo a Valdemar
y junto a él crearon una feroz mancuerna
represiva al interior del IMSS y contra
toda aquella voz disidente a las decisiones
del secretario.
Garantizado el periodo de secretario general
–de octubre de 2006 a octubre de 2010-
las negociaciones en lo oscuro se sucedieron
y se fueron minando “poco a poco”
prestaciones a favor de los trabajadores
sindicalizados contenidas en el CCT, prestaciones
adquiridas en poco más de 60 años
y bajo el régimen conocido como de
la Revolución.
Ante la nula credibilidad de Gutiérrez
Fragoso ante las bases y la falta de un
sucesor a modo que garantizara al gobierno
de la continuidad proseguir con el desmantelamiento
del IMSS, el capo ideo una forma de prolongar
su mandato por dos años más
y para ello contó con todo el apoyo,
decidido y abierto de la Secretaría
del Trabajo, dependencia que, sin más,
le otorgó la codiciada toma de nota.
De un plumazo, en otro “congreso
democrático” –octubre
de 2008-, unos 900 dedos “maiceados”,
otorgaron a Gutiérrez Fragoso la
ampliación de su periodo hasta octubre
de 2012, justo para coincidir con el cambio
presidencial. En paralelo, Acción
Nacional reforzó y brindó
impunidad al capo de agosto de 2009 hasta
agosto de 2012, al convertirlo en diputado
federal.
Pero no solo eso, en ese congreso amañado
y a modo, el capo dejó abierta la
posibilidad de reelegirse por seis años
más a partir de octubre de 2012,
lo que lo mantendría en la impunidad
hasta octubre de 2018 como mínimo.
Apenas en octubre de 2010, el sueño
del capo se hizo realidad al anunciarse
por adelantado la reelección en automático
dentro de dos años.
Un capo inútil, pero institucional
Sentado en una curul, recibiendo mensualmente
sueldo jugoso y todas las canonjías
a que se hacen acreedores los señores
diputados, Gutiérrez Fragoso se ha
ganado la fama de ser un diputado “inútil,
pero institucional”. Inútil
porque no se le conoce absolutamente ninguna
propuesta ni algún trabajo legislativo.
“Institucional”, porque está
como simple títere de Acción
Nacional, nomás para levantar el
dedo y para reforzar todo tipo de propuestas
del gobierno federal relacionadas con arrebatar
conquistas a los trabajadores y apoyar el
proyecto de nueva Ley Federal del Trabajo
que se encuentra atorada, confía
un diputado federal a este reportero.
Cuentan que en la Cámara es un diputado
aislado, que prefiere mantenerse al margen
de los reflectores y que cientos de diputados
le dan el saludo por educación, pero
la vuelta por el estigma que lo envuelve:
la sombra del narco.
Es por eso que algunos diputados lo llaman
también el capo institucional. Valdemar
ejerce como diputado federal desde el 29
de agosto de 2009 y lo será hasta
el último día de agosto de
2012. Un mes después de su unción,
el 30 de septiembre de 2009, aparecieron
contadas esquelas en periódicos de
circulación nacional, en la que se
lamentaba la muerte de un hijo de Valdemar.
Poco difundida en medios, la información
hacía referencia al nombre de Ariel
Gutiérrez Botello, de 24 años,
“quien padecía cáncer
en el estómago”. De acuerdo
con las notas periodísticas, a los
velatorios de Gayosso, Sullivan, asistieron
para “ofrecer sus condolencias”
Javier Lozano Alarcón, Juan Francisco
Molinar Horcasitas, Josefina Vázquez
Mota y Miguel Ángel Yunes, entre
otros.
El nombre del difunto coincide con el del
hijo del capo que fue detenido en un aeropuerto
internacional de España por intentar
introducir a ese país cerca de un
kilogramo de cocaína que había
tragado en uvas y llevaba escondidas en
el estómago.
De acuerdo con médicos especialistas,
es común que traficantes de drogas
que utilizan sus estómagos e intestinos
como medio de transporte pierdan la vida
al reventarse los contenedores fabricados
regularmente de látex, o que posteriormente
a un “reventamiento”, sufran
graves estragos o trastornos a su salud,
como el cáncer.
Cuando la cúpula panista ofreció
a Valdemar la diputación segura,
se revivió toda una historia que
parecía ya enterrada y referente
a los enredos de Gutiérrez Fragoso
y su parentela con el narco, sin embargo,
la clase política panista defendió
el dedazo de Calderón y aguantó
la “embestida” de los medios,
aunque con ello aumentó el temor
y el descrédito hacia uno más
de los integrantes de sus filas.
Ante la impunidad, los trabajadores sindicalizados
del MSS están gestando algún
movimiento. A ellos se suman los “nuevos”
trabajadores, carentes de toda seguridad
social, los jubilados y pensionados, que
también han visto mermadas sus prestaciones.
La histora, por su parte, va colocando en
su lugar a cada cual. Horcasitas es hoy
un cadáver que cobra en la Secretaría
de Comunicaciones y Tansportes, terminó
ante la nación entera con la imagen
de un “sicario de bebés”;
esa u otras fechorías algún
día las pagará en la cárcel.
Lozano Alarcón es el enemigo número
uno de los trabajadores organizados en sindicatos
no alineados al gobierno y también
de los alineados, siniestro y perturbado
personaje parido como de una película
de terror.
La de Daniel Karam es otra historia y Valdemar
Gutiérrez es simple y sencillamente
un capo más al servicio del Estado.
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